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Suicidio de una actriz frustrada

De Juan de la Cruz
El director que la monte puede alterarla en cualquier forma, según su criterio, en beneficio de las cualidades interpretativas del actor o necesidades propiamente escénicas. (En cierto modo Suicidio de un actor frustrado es sólo un apunte)

El teatro de Juan de la Cruz es un teatro donde los personajes parecen máscaras (en el sentido más antiguo del término, de amplificación de nuestra alma), que nos reflejan de forma muchas veces grotesca, otras incisiva, otras no sabemos cómo, pero perfectamente reconocibles. Es teatro de la emoción, del gesto, de la palabra, del silencio… que busca, incidiendo en cada elemento de una manera artística, provocar una reacción en el público, que el tiempo de la representación es tiempo de comunicación; donde vamos a traer a traer al presente, a representar, la vida condensada que nos devolverá a nuestra propia vida después de una catarsis de sensaciones. Es un teatro lúdico, pues lo lúdico es esencia del arte.

Sinopsis

La acción comienza abruptamente en el hogar del actor que no es otro que un destartalado-desordenado cuartucho. Todo objeto indicativo del hecho teatral puede estar incluido: libros, librotes, máscaras, sombreros, vestidos, bastones, telas enormes, Shakespeare, prendas femeninas… El ambiente general de este cuarto podría expresarse en “promesa por cumplir” o “esperanza por llegar” o “ilusión desencantada” o… Es como si la esperanza en el futuro fuera ya cosa del pasado. Ciertamente, el presente es algo irrealidad; hay una relación entre pasado y futuro, pero el presente de este actor frustrado no existe.

Por eso mismo es un actor frustrado. El actor solo vive para el momento de su actuación. Y bla, bla, bla.

Suicidio de una actriz frustrada es una especie de comedia con ciertos ribetes melodramáticos y sentimentales